Notas del Carisma Oblato

La misión está en el corazón de la vocación de Eugenio de Mazenod y su familia religiosa. Dice así el primer artículo de nuestras Constituciones: “El llamamiento de Jesucristo, que se deja oír en la Iglesia a través de las necesidades de salvación de los hombres, congrega a los Misioneros Oblatos de María Inmaculada y los invita a seguirle y a tomar parte en su misión.[1]

Las necesidades de salvación de los hombres, que tan hondamente impresionaron el Corazón del Salvador, impresionan también el corazón del Oblato y lo empujan a tomar parte en el anuncio del Evangelio.

Estas necesidades, siempre presentes en la historia humana, hoy revisten características particulares. En el Capítulo General de 1992 se expresan así: “A ejemplo del Fundador, vemos los males que asaltan al mundo y a la Iglesia: el alejamiento de Dios por la mentalidad secular, el desmoronamiento de la familia, el deterioro del entorno, la pobreza y la opresión estructural de millones de personas, la marginación de las mujeres, el desconcierto de los jóvenes... Estos males afectan al mundo de muchas formas, pero resuenan en un eco común en la voz de los sin poder, sin esperanza y sin derechos: la voz de los que buscan desesperadamente un sentido a la vida, un sentido de pertenencia, más justicia e igualdad, y que quisieran creer en algo en alguien. Su grito es un deseo de salvación”.[2]

Este grito angustioso es el que nos mueve también a buscar colaboradores y a dar a conocer nuestro carisma sobre todo a los jóvenes. “Creemos en nuestra vocación... y, confiando en la generosidad de los jóvenes de hoy, afirmamos que tienen derecho a oír la llamada a ser misioneros oblatos”.[3]

Ya el Capítulo de 1986 hablaba en el mismo sentido: “¿Por qué llamar a otros a venir con nosotros?

- porque creemos en un Dios que quiere salvar a todos los hombres,
- porque creemos en el Espíritu de Jesús vivo en el corazón de los jóvenes,
- porque deseamos de verdad dar a conocer a Cristo Salvador a aquellos que nos han oído aún hablar de Él,
- porque la misión de los Oblatos ha dado pruebas de su valer y la sigue dando hoy”.[4]

Notas del Carisma en San Eugenio:


* Lo que más caracteriza a San Eugenio es su opción por los pobres y su entusiasmo misionero.

* La opción por los pobres se hace manifiesta tanto en su trabajo sacerdotal como en su actividad episcopal.

* Por otra parte, su carisma misionero queda manifiesto en la fundación y espíritu de la Congregación.

* Espíritu de un hombre que entrega su vida sin reservas a la evangelización de los pobres.

* Y ello a través de su propia actividad, como a través de la actividad de sus hermanos oblatos.

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[1] Constituciones y Reglas Nº 1
[2] Testigos en Comunidad Apostólica Nº 2
[3] TCA 29
[4] Misioneros en el Hoy del Mundo Nº 146