Breve historia de San Eugenio


Nació en 1782 en Aix de Provenza. Su Padre, Carlos Antonio era Presidente de la Cámara de Aix y pertenecía a la aristocracia del país; su madre María Rosa Joannis, era hija de un rico profesor de medicina. Un matrimonio honorable, aunque no muy afortunado. En 1789 estalló la Revolución Francesa, derribando al antiguo régimen, agitando al pueblo y persiguiendo a la religión. Eugenio con su familia tuvo que refugiarse en Italia, donde vivió desde los 9 a los 20 años.

Exiliado en Venecia, Eugenio tuvo la suerte de encontrar un santo sacerdote que marcó profundamente la orientación de toda su vida. Más tarde en Nápoles experimentó las incomodidades de la pobreza. Al regresar a Francia en 1802, se ve metido en un ambiente familiar lleno de intrigas. Sus sueños juveniles de fundar un hogar y de labrarse un porvenir van cayendo por tierra, a la vez que comprueba los estragos por la revolución y la descristianización del pueblo.

El viernes santo de 1807, asistió a la liturgia, el joven siente un estremecimiento profundo y llora ante la cruz los desvaríos de sus sueños; se desprende de su orgullo y de sus prejuicios clasistas, y toma una decisión clara e intrépida: se hará sacerdote y sacerdote de los pobres.

Aunque su madre proteste por esa decisión que considera “una desgracia para su familia”, Eugenio llama a la puerta del seminario de París en 1808. Justamente cuando Napoleón, en la cúspide de su gloria despoja al clero de sus bienes y de su libertad de actuación.

El 21 de Octubre de 1811, Eugenio es sacerdote de una Iglesia servidora y pobre. Un ideal sublime había atraído sus pensamientos desde su lejana adolescencia. “¿Acaso no sería un honor el acabar nuestra familia con un sacerdote?”

Su fuego, su pasión: una Iglesia que restaurar y... para escándalo de la nobleza, pasando por los obreros, los abandonados, los que sufren, masticándoles la Palabra de Dios en su propio dialecto provenzal.

“Pobres de Jesucristo, mis hermanos, mis respetables hermanos, escúchenme: Obreros, ¿qué son a los ojos del mundo? Una clase de gente esclava de los que les pagan, expuesta al desprecio, a la injusticia y con frecuencia a los malos tratos por parte de amos exigentes... que pretenden comprar el derecho de ser injusto con Uds. por el escaso salario que les pagan”.

“Hay que ser pobre como lo son los pobres... ayudar a los pobres, nuestros amos y señores, tal es nuestra misión”.

NACEN LOS OBLATOS...

Bajo el impulso de Eugenio de Mazenod, nace en 1816, en el viejo convento de Aix, una comunidad misionera comprometida con los más pobres.

Se llaman modestamente “Los Misioneros de Provenza” y ejercen una intensa actividad predicando misiones populares entre los campesinos de la región. Después de 10 años de fecunda labor y de dificultades, en 1826 son oficialmente reconocidos por la Iglesia como “Oblatos de María Inmaculada”.

EUGENIO DE MAZENOD – Obispo –

- 1836. El Padre de Mazenod es nombrado obispo de Marsella. Lo que más lo caracteriza como Obispo y como Fundador es su corazón: un corazón “grande como el mundo”, decía un obispo de Francia, contemporáneo suyo. Por eso aprovechaba todas las ocasiones para acercarse al pueblo de la calle, que conocía tanto y cuyo lenguaje de todos los días hablaba corrientemente.

- su gran amor a la Iglesia ha hecho del Fundador de los Oblatos un obispo misionero, sensible a las llamadas de su tiempo, que envía a sus hijos generosamente a Canadá, Estados Unidos, México, Ceylán, Africa del Sur...

TESTAMENTO DEL FUNDADOR

- En mayo de 1861, Eugenio de Mazenod llegaba al atardecer de su vida, dejando a sus hijos un precioso testamento: “Practiquen entre Uds. la caridad, la caridad, la caridad... y fuera el celo por la salvación de la almas”.

- A la muerte de su Fundador, el 21 de mayo de 1861 los Oblatos ya eran más de 400 y estaban misionando en cuatro continentes.


Los hijos espirituales de Eugenio de Mazenod, reunidos en pequeñas comunidades e inspirados por el testamento de su Fundador: “Entre Uds. la caridad, la caridad, la caridad”; y por su lema: “Me envió a evangelizar a los pobres, los pobres son evangelizados”, predican el Evangelio en más de 70 países por todo el mundo.

EUGENIO SANTO

El 19 de Octubre de 1975, Domingo de las Misiones, el papa Pablo VI, beatificó en Roma a Eugenio de Mazenod.

Veinte años más tarde, también en Roma, el 3 de Diciembre de 1995, Juan Pablo II declara Santo al fundador de los Oblatos.

Hoy Eugenio, más que nunca, sigue amando con el mismo y tierno corazón, con el que siempre amó a cada oblato. Hoy es Santo, su amor es puro, su amor ha llegado a la plenitud.

San Eugenio:
Un Santo a quien puedo invocar para que interceda

+ Un Padre que me cuida y ama.
+ Un Maestro que me enseña.
+ Un Misionero que me invita a seguir las huellas de Jesús.