Mi carta es muy
subjetiva y muy parcial porque amo a mi congregación. Y en estos días
estoy sintiendo muy fuerte que la amo. “Que hermoso es vivir en ella y
más hermoso aún es morir en ella”, decía el Beato
José Gerard. Una frase que me gusta meditar. Me gusta pensar en esta
frase. No porque este amor es fácil. No. Tampoco me veo viviendo cosas
fáciles. Siempre hay un desafío. No quiero decir de esos dramáticos,
quiero decir los de cada día.
Mi Congregación son las personas. Podría darte un informe preciso
y detallado, pero quiero hablarte de lo que he visto, de lo que conozco y creo.
Como si fuera una película, algunas de estas escenas me parece verlas.
• Mi Congregación está en mi compañero Omar, él
va a la cárcel los jueves y sigue yendo. Cuida a un enfermo de SIDA con
diarrea, le pone las manos en la cabeza, cosa que ni el médico hace.
• Julio pasó los 80 y va de un pueblo a otro predicando novenas.
• En Bolivia, Guillermo ha terminado su trabajo de la mañana en
la Radio Pío XII, saluda al minero que espera. La calle árida,
un mendigo y otro y otro. Va caminando lento a la reunión de los campesinos.
• En una “flota” (bus) a toda velocidad por un camino de cornisa
va Roberto Lacasse rezando el rosario. El vehículo se bambolea. “La
última vez”, dice para sí. En algún lugar de la selva
boliviana los jóvenes que construyen rutas, lo esperan para el curso.
• El fuerte calor de la tarde paraguaya. “Tereré” fresquito.
Marcos y los jóvenes han regresado de una misión en el Chaco,
donde también hay calor y sequía. Los aborígenes les han
hecho escuchar el Evangelio con sus actitudes de hospitalidad y sencillez.
• Un barrios de las afuera de Montevideo. Roberto hace bromas con un grupo
de familias. Las guitarras ensayan el canto por segunda vez. Pronto va a comenzar
la celebración.
• Beto ha dejado el jeep. A este pueblo sólo se puede llegar a
pié. Va silbando uno de los cantos de las poblaciones en resistencia.
Se detiene a contemplar la tierra soñada y vegetal de Guatemala. Y sigue
una vez más.
• Un estruendo. Daniel se sobresalta, luego se calma y sonríe.
Aunque el coche bomba le quitó un ojo y le dieron por muerto, el sigue
en Perú. El vive en Perú.
• Entre la multitud, sale del metro y se interna en una calle de la gigantesca
Sao Paulo. Bocinazos. “Defenderá a los humildes, socorrerá
la familia de los pobres”, decía el salmo. Un joven drogado. Un
niño corriendo, seguro que robó, ¿qué será
de él? Después de doblar en la esquina, Miguel Pípolo llega
a la reunión.
• Pierre-Antoine tiene la mirada como un centinela. Comulga el pan partido.
Se le viene a la mente su país tan dividido, la pobreza de Haití.
Cierra los ojos, ahora aparece la imagen de Colombia. El corazón late
fuerte por la nueva misión.
• Mira con reverencia la imagen. Hay un azteca corriendo por la sangre.
Como María de Guadalupe hoy podemos recibir a Cristo para darlo al mundo,
piensa Vicente. Su día de trabajo en México comienza.
Mi congregación está en Ramiro que termina un bautismo en Venezuela.
Una vivienda de ramas y palos, un enfermo agonizante y un oblato al lado en
Surinam. Oscar y un grupo de sindicalistas, evaluando la situación laboral
en Santiago de Chile. Una misa muy festiva en Puerto Rico. Un novicio rezando
en el silencio de la noche de Asunción, de Marabá o de Port-au-Principe.
Me parece verlos a todos ellos y a otros. Compartimos el mismo sueño:
Cristo para los pobres. Esto nos une mucho. No hemos nacido oblatos. Hemos escuchado
el llamado de Dios, hecho grito, clamor. Hay tantas realidades gritando que
piden una esperanza que sólo Cristo puede dar.
Ahora te estoy hablando de lo que creo. Somos servidores de los pobres. Si vienes
con nosotros trabajaremos juntos, para dilatar el Reino.
A muchos les atrae nuestra vida, nuestra misión, nuestros ideales, pero
no están dispuestos a compartir las horas difíciles con nosotros.
• Por eso, no vengas sólo para ser feliz, sino para hacer la vida
más feliz a los que nos necesitan.
• No vengas para realizarte, sino para realizar el Reino, lo demás
se dará por añadidura.
• No vengas para hacer carrera, sino para compartir el lento y paciente
caminar del pueblo que sufre.
• No vengas para ser amado, sino para desarrollar tu capacidad de amar.
• No vengas para ser gratificado, vení gratis.
• No vengas para aferrarte a los otros, pegarte a otros, sino para liberar,
abrir puertas y ventanas.
• No vengas para venir sino para ir.
• No vengas para refugiarte sino para estar al lado del desprotegido.
• No vengas para huir de la realidad sino para recibirla a través
de la mirada del Salvador crucificado con esperanza.
• No para tener poder sino para que sirviéndolos, los marginados,
los sin voz, puedan.
• No vengas para sentir emociones fuertes sino para que el mundo sienta
la suave voz de Dios, su presencia.
• No vengas sólo para tener experiencias bonitas de Dios, sino
para llevar, compartir tus experiencias del amor de Dios con los demás.
Si vienes...
- para ser ese hombre verdadero que sos,
- para correr el riesgo de creer en Jesucristo,
- para esforzarte y crecer,
- para darte sencillamente,
- para amar y hasta a veces sufrir por amor...
si vienes para ir, iremos juntos.
Raúl Nieto - “Selección de Estudios Oblatos”
1995 Nº 47 (Roma)
Animación
Vocacional:
En Chile: P. Mauricio omi
y P. Sergio omi
En Argentina: P. Sergio Menegoni
omi