¿Los jóvenes negativizados?
Angelo Roberto T. Diana

He leído un artículo de investigación que describe la juventud de argentina como una realidad negada y negativizada (Chávez: 2005). Se trata de las representaciones de cómo la sociedad argentina ve la juventud. Describen un Joven como ser inseguro de sí mismo, ser en transición, ser no productivo, ser incompleto, ser desviado, ser peligroso, ser victimizado, ser rebelde, ser desintegrado etc. Detrás de cada retrato hay razonamiento que lo corrobora que pueda ser social, político, psicológico, fisiológico.
Sin embargo en cada investigación le falta algo. Es cierto que el artículo dice algo verdadero pero no exhaustivamente dice todo. ¿Por qué digo esto? ¿Cuál es la base de mi argumento? La respuesta es muy concreta y palpable, es el congreso juvenil que se realizó en Buenos Aires.
Francamente antes ir a dicho congreso había escuchado algo que no era tan alentador. Pero de igual manera fui a participar con Giovanni. Había más de cien jóvenes entusiasmados. Ellos prepararon todo. Armaron el lugar con creatividad. Había un ejército de encargados que aseguraba que todo funcionara bien. Hacia frio pero no lo sentía porque el ambiente no me daba la oportunidad de sentirlo. Tenía que ser parte de este grupo de personas llenas de espíritu. De hecho por primera vez canté sin temor.
Cuando la sociedad describe incesantemente a los jóvenes de una manera negativa, me acuerdo de este texto: Felipe encontró a Natanael y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y también los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José. Y Natanael le dijo: ¿Puede algo bueno salir de Nazaret? Felipe le dijo: Ven, y ve (Juan 1:46-47). Aunque los Nazarenos eran judíos, eran discriminados porque vivían en el interior, lejos del centro (Jerusalén) y hablaban con diferente acento. Felipe juzgó a Jesús antes de conocerlo.
Antes de viajar a Córdoba, uno de ellos nos hizo un poema muy lindo. En él no se refleja nada de como la sociedad percibe a los jóvenes. La gente no puede seguir percibiendo la juventud negativamente. Tiene que dejar de generalizar la juventud. Quizás la gente tenga razón y tendrá razón.
Sin embargo, esto se podría lograr si podemos mostrar que los jóvenes oblatos no caben en esa definición negativa. Lo que he visto con mis propios ojos, el esfuerzo enorme en el congreso juvenil, el entusiasmo incesante en las misiones (Chile y San Juan) son comienzos de nuestro intento de argumentar que no somos tan negativos como nos perciben. Es como lo que hizo Felipe con Natanael. Le trajo y le introdujo a Jesús. Allí Natanael se dio cuenta al conocer Jesús de que lo que pensaba de él era incorrecto (Juan1:49). Podemos ser Felipe. Actuamos como embajadores para que la gente conozca a Jesús y a la juventud. No tenemos que hacer grandes cosas, pero si empezamos por lo más sencillo y somos sinceros, nada nos lo puede impedir.