Desde que acepte su amistad… desde que quise abrirle mi corazón.
Desde hace un par de meses he descubierto un sentimiento nuevo
en mí, un apoyo, comprensión y amor incondicional, por parte de
un ser mágico. La existencia de este sentir la completé en el
III Congreso de Jóvenes Misioneros Oblatos, en María Elena, Chile.
Siempre me he maravillado de la vida, aún me asombro cómo Dios
pudo hacer esto, mi vida, sus vidas… inimaginable es su poder, infinita
su creación; es emocionante despertar, ver el sol, escuchar a las aves,
sentir la brisa del viento y saber que es él quién ha hecho eso
para nosotros. Observo a mi familia, mis amigos, compañeros, mascotas,
y admiro su creatividad, cómo se presenta la obra de Dios en cada cosa
que observo, donde fijo mis ojos puedo verlo a él por medio de su arte.
Todo este hermoso sentir lo llevo en mi corazón desde que acepté
su amistad, su compañía, desde que quise abrirle mi corazón.
Sin embargo, había algo que aún no podía ver, algo que
también es parte de su creación, y que gracias al bellísimo
encuentro que tuve con Dios en el Congreso pude darme cuenta que esa pequeña
creación que aun me falta observar era yo. Desde muy niña me valoré
bastante, siempre supe que yo era capaz de hacer o conseguir todo lo que me
propusiera, y que no me hacía falta un Dios para alcanzar mis objetivos.
No obstante, hubo algo con lo que yo nunca pude sola, y es aquí donde
me di cuenta que nunca la adversidad será más grande que el poder
del Señor, pues Dios mismo me hizo ver que estamos juntos en esto, que
el pude hacer sus obras por medio de nosotros, de todos, y nosotros podemos
vivir con él y para él siempre.
María Ángel, Comunidad juvenil San Eugenio, Parroquia San Pablo
Antofagasta Chile