MONS. RAMIRO DIEZ, OBISPO MISIONERO EN EL VICARIATO APOSTÓLICO DE MACHIQUES, EN LA SELVA VENEZOLANA

Monseñor Ramiro Díez nació en Villaverde de Arcayos (León) el 14 de septiembre de 1934. Ingresó en la Congregación de los Misioneros Oblatos porque su gran sueño era ir a Filipinas a predicar el Evangelio. Tras 20 años en el Seminario de Valladolid es desde 1997 obispo del Vicariato apostólico de Machiques de Perijá (Venezuela).

20 años Pisando suelo Venezolano

Para todos los lectores un saludo cordial y fraterno. A unos meses de cumplir veinte años de la llegada de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada a Venezuela, me piden cuente un poco mi experiencia de esta etapa última de mi vida. Veinte años son pocos y son muchos. Para mí, por ejemplo, que me tocó venir en el 1990 bien cumplidos los 56, son unos pocos de años para tener en cuenta. En cambio, para mis dos compañeros Padre Octaviano y Francisco, unos jovencitos recién ordenados, para ellos veinte años no son casi nada. Yo pisé suelo Venezolano el 14 de diciembre de 1990, como digo, a mi edad son muchos años viviendo esta realidad latinoamericana y caribeña. El destino de nuestro equipo misionero era Casigua el Cubo, Parroquia a la que llegamos en plena misas de aguinaldos. Fueros estas famosas misas de aguinaldos las que me impidieron vivir la navidad con mi familia ese año 1990.
Los tres que estábamos destinados por la provincia Oblata de España a fundar la Congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada en Venezuela estábamos "saboreando" esa rica miel de vivir la Navidad en la familia. Para mí constituía un acontecimiento especial porque hacia muchísimos años que no vivía la Navidad con los míos. Cuando éramos estudiantes en los colegios de Hernani, El abrojo y más tarde en Pozuelo de Alarcón los estudiantes no teníamos ese privilegio navideño. ¡Los tiempos de ahora han Cambiado! pero, sí, aquel año los tres designados teníamos la firme esperanza de pasar la navidad en familia. Era también para nosotros como una buena despedida de cuanto supone ese decir adiós a los nuestros. Y fueron precisamente las misas de aguinaldo las que precipitaron nuestro viaje a Venezuela. El mundo de la misión tiene esas coincidencias en este caso fue un sacerdote Jienense que pasó algunos años en Venezuela, el Padre Julián quien puso al tanto al Padre Eutimio González Provincial en ese momento de los Oblatos de María Inmaculada en España de la importancia que tenían y daban los fieles a estas misas de aguinaldos. El Padre Julián fue unos pocos años Párroco de Casigua el Cubo; aun le recuerdan por su desplantes de sabor Español y por su amor a construir Iglesias y capillas.
Dado ese encuentro entre el padre Eutimio y Julián se puso en marcha enseguida nuestro viaje cuanto antes para Venezuela. Así de un modo tan fácil y tan rápido se segaron las esperanzas de la navidad familiar. El 14 estaba preparado el boleto para volar a Venezuela despedir a toda prisa a la familia y a las comunidades oblatas, recibir la despedida como misioneros en la Parroquia la Virgen Peregrina conocida como Fátima y a embarcar. El 14 de diciembre a las 4 y media de tarde tomaba tierra el gran avión de Iberia en las pistas de Maiquetía. Recoger maletas y pasar la aduana y saludar a Fray Santiago Pérez el amable Viceprovincial de los hermanos Capuchinos que nos esperaba para llevarnos a su comunidad de Chiquinquirá.
Todo nuevo, personas, calles, ambiente, luces, adornos, y calor. ¡Todo en unas horas tan distinto!
Gracias a unos amigos de la empresa Dragados y Construcciones el 20 ya estaba todo en orden para vivir sin zozobras la vida en Venezuela. Allí creo yo experimentamos esa cultura de que todo se hace y se consigue rápidamente si llevas “cobres” y pagas. Luego los días y los años me habrán dado la razón.
Unos días en Caracas en ese papeleo de visas y permisos y ya. Volar a Casigua. Mejor a Maracaibo. Allí el avión nos dejo en la pista cercana al edificio de la terminal. En aquellos años no había esos toboganes de ahora que van del avión al edificio terminal de pasajeros. Una nueva experiencia; era la última hora de la tarde cuando bajamos de las escaleras del avión y pisamos tierra firme el calor que subía por la pantorrilla a través del pantalón era fortísimo era el calor zuliano, el calor que me ha acompañado, casi sin dejar un día, la suma de estos 20 años. ¡Qué calor los primeros días y los primeros meses!
En Machiques hasta donde nos llevó el Century de Mons. Romualdo pasamos una noche de calor y zancudos. Era el comienzo de la misión. Ante nosotros toda esa cadena de hermanos capuchinos que llevan sembrando la palabra de Dios desde aquel lejano 26 de mayo de 1943, cuando se fundó el Vicariato. Han pasado muchos años, muchos sueños, muchas ilusiones, muchas esperanzas, muchos sacrificios y la entrega generosa y valiente de esos hermanos Capuchinos Españoles de la provincia del Sagrado Corazón de Jesús llamada provincia de castilla la Vieja. Docenas de ellos han dejado sus vidas a la vera de estas montañas perijaneras. ¡Que difíciles debieron ser los comienzos de la misión en el Vicariato! El ejemplo de sus vidas ha sido y es un fuerte acicate para nosotros recién llegados a fundar en Casigua. Hubo tiempo para visitar por unas horas la famosa misión del Tukuko.
Creo que el 22 llegamos a Casigua, la hora del mediodía campanas, carteles y fieles nos dieron la Bienvenida. No era para menos recibían la llegada de tres sacerdotes. ¡Qué misas de aguinaldos les esperaban! Recibir tres sacerdotes luego de pasar años sin tener ninguno, recordad aquellas misas de aguinaldos a las 5 de la mañana con hayacas y “canto de niño lindo” y al mismo tiempo, la nostalgia de la Navidad de España con mucho frio, turrón y villancicos-tiritando de frio.- ¡Son y fueron muchas las cosas que eran diferentes, muy diferentes!.
Allí, en la Parroquia de la Santísima Trinidad de Casigua el Cubo comenzó nuestra misión, sin carros y con muy pocas ayudas para ir haciendo nuestro trabajo misionero las limitaciones en los que era lo doméstico fueron considerables. A los pocos meses vendría la necesidad de fundar en Palo Gordo. ¡Hay que ensanchar las fronteras! Nos vino de España el refuerzo del Padre Aladino, así constituimos dos casas religiosas en una sola comunidad. Recuerdo la inauguración de Palo Gordo cuando nos acompañó al grupo de fieles Mons. Marco Tulio Ramírez Roa. Comenzó la procesión en el arroyo de la Machirí hasta la Iglesia Capilla del Santo Cristo donde iba a comenzar la vida parroquial para los misioneros Oblatos de María Inmaculada en la Diócesis de San Cristóbal, los primeros meses los Padres misioneros Aladino y Paco vivieron en la Sacristía. Luego el Padre Aladino amigo siempre de construcciones, amplió la capilla y nos cedieron para vivir la casa de al lado. Desde principio nos visitamos ambas casas para estrechar los lazos de la comunidad Oblata, estábamos dos Padres en cada casa Parroquial. Así siete años con algún cambio de personas y la venida de España del Padre Vidal. En enero del 1997 me nombraron Obispo y Vicario Apostólico de Machiques. ¡Una gran sorpresa para Oblatos, fieles y el interesado! Hay que despedir a los fieles de Casigua si bien continuarán siendo visitados con frecuencia porque como se sabe el Vicariato Apostólico de Machiques comprende cuatro municipios: Villa del Rosario, Machiques, Jesús María Semprún y Catatumbo. Presupone vivir la misión desde otro terreno más amplio y sentir la responsabilidad de estar “pastoreando muchas ovejas más. Animar a los sacerdotes de todas las parroquias, ver cómo se aumenta el número para cubrir tantas necesidades del Vicariato Apostólico y misionero. Crear parroquias, ordenar sacerdotes, y preparar seminaristas para que en un mediano plazo vayan siendo ellos los pastores salidos de su propio pueblo y de su propia familia.
Ya tenemos que decir que, gracias a Dios, hay en el Vicariato 07 Sacerdotes que en vuestro lenguaje tenemos que decir que son “nuestros” con esa riqueza que les da haber vivido y bebido cuanto significa la cultura la familia, la fe, la devoción, la piedad y las prácticas religiosas.
La experiencia vivida y celebrada de los 50 años de mi sacerdocio en la Catedral el 14 de marzo de 2009 con todos los sacerdotes del Vicariato los Oblatos de Venezuela y algunos Oblatos de España que vinieron para acompañarme han sido también un hito importante en mi vida sacerdotal y misionera por estas tierras de gracia de nuestra Venezuela. Las dos visitas al Santo Padre acompañando y acompañado de mis hermanos Obispos son también experiencias a tener en cuenta. Una con el Papa Juan Pablo II y otra con el Papa Benedicto XVI. Y ya cumplí 75 años, ahora a la espera de que en breve plazo deje el Vicariato de Machiques, tome el titulo de Obispo Emérito y de nuevo, si Dios quiere, volver a la disciplina y Obediencia Oblata. A grandes rasgos esta ha sido mi experiencia en Venezuela. Puede que queden muchos detalles sin tocar y muchos acontecimientos sin ampliar. Pero me dijeron que el número de palabras estaba contado y limitado. Mis Saludos calurosos para todos los que componéis ese grupo – sociedad de llamaros amigos de los Oblatos. O Misioneros Oblatos Laicos. Mi Bendición.

Ramiro Díaz Sánchez, OMI